Hoy va de confesiones.
Llevo tiempo jugando a ser Dios, a quererlo
tener todo sin preocuparme por lo demás, a jugar con mi vida y con la de quien
me rodea. Me gustaba sentir la velocidad de las cosas sin apreciar su tacto, me
gustaba reír a carcajada limpia sin pensar que había alguien esperando. Me he
pasado la puta vida soñando ser alguien que no quiero, fingiendo estar bien por
las putas impresiones.
He necesitado en todo momento alguien que me
parase y me dijera: eh, ya esta, echa el freno. Y con solo decirme esto sabía
que todo iría bien. Quien lo ha intentado se ha marchado de mi vida y quien lo
ha querido controlar ahora mismo no pueden ni consigo mismo. Rompo todo lo que
toco.
Pero tengo que decir que hay alguien, alguien que me ha cambiado un poco la vida, alguien que le ha dado sentido a mi locura. Necesito que me frene y me diga que todo va a ir bien pero no quiero hacerle daño.
Mi orden dentro del caos.