Ya no me preocupaba la vida, porqué te miré a los ojos y vi como brillaban, porqué en ellos encontré la paz y la guerra, la calidez y la frialdad. Encontré la seguridad que perdí en el pasado y que solo tú sabias sacarla a flote. Que aunque la fugacidad de tus besos fue lo que marcó el punto y final en mi vida, aprendí a vivir después de ti, a sentir, a comprender que no todo lo que empieza bien, termina igual.
Que nunca recordaré tu apellido, ni tu día de suerte, tampoco tu manía de peinarte, ni tu costumbre de darme un beso al despertar con los ojos cerrados, tus cicatrices ni tus pecas, tampoco recordaré lo morena que te pusiste ese verano ni las veces que te quemaste porqué la crema te daba asco.
Contigo no pude vivir ni tu cumpleaños ni el mío, a ser verdad, no supimos celebrar fechas especiales, pero me queda el recuerdo de que almenos compartimos días y noches, atardeceres en ese puente.Te mordías el labio cuando querías provocarme y te ponía nerviosa cada vez que me veías, agarrarme la mano era tu billete al paraíso.
A veces las cosas fugaces son las que mejor funcionan, aunque no funcionamos y nos perdimos.Nos quisimos y nos odiamos, pero sabes que si llego a saber que el fin estaba a la vuelta de la esquina, no habría empezado.
Fugaz, como mi vida, infinita, como la desesperación.

