Los meses de febrero
suenan fríos. Pero te imagino a mi lado y me hierve la sangre.
Me has abierto un mundo,
unas ganas de vivir, un día a día que ni yo esperaba encontrar en mí. Has
encontrado mis ganas de vida y yo las tuyas y sin querer o queriendo las hemos
hecho nuestras. Hay tantas cosas que ya son de las dos… los atardeceres, esos
sitios donde pasamos, donde crecimos como pareja, el chocolate, las camas, los
sofás y las mantas que nos han visto protegernos del mundo viajando al nuestro…
Quizás la inspiración llega cuando menos te lo esperas y por eso no se
escribir. Solo quería recordarte en este día, aunque no nos guste, que te amo y
eres lo mejor de mi vida, porqué tú, mi niña, me haces sonreír como una
estúpida.
Tú que lees esto, mi
niña, que hablabas de conquistarme, de quererme, de besarme, de abrazarme, de
yo ser tuya y tú también… Solo quiero decirte que ya no es que te quiera, es
que te amo, es que quiero volverte a tener a mi lado, para cuidarte, tenerte,
protegerte, morderte, vivirte… se me queda corto todo lo que me pasa por la
cabeza si pienso en ti, porque eres la más pura perfección, la mujer de mi
vida, y sin querer queriendo, apareciste y no quiero que te marches, nunca. Si
me faltas el cielo se nubla.
Yo,
que quiero vencer
la distancia,
consumir uno a uno
los kilómetros y tenerte cerca,
yo,
que quiero una
parte de mi vida a tu lado,
yo,
que quiero quererte
sin medida.
“perfecta como el sol,
como la tierra, perfecta, perfecta, perfecta…”
Si, es día trece, pero el
año pasado también fue así.