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| Por hacerme feliz te debo la vida. |
Han pasado días, incluso pensé en
escribirte una carta de despedida, pero pensándolo mejor, quiero que estés en
mi vida, poder contar contigo y tu conmigo, incluso necesitarte a veces,
necesitar ese abrazo que solo sabes dármelo tu, tenerte como amiga, como
complicidad, saber que puedes estar con otras personas, conocer a alguien
especial y que te vaya bien con esa persona, desear que lo que yo no te di,
puedas encontrarlo.
No es fácil empezar de cero
cuando tenías tu vida a cien, cuando todos los planes y todas las idas y
venidas empiezan a romperse poco a poco, cuando tu caos aumenta y los esquemas
rotos ya no tienen dueño. No es fácil no saber que responder cada vez que me
preguntan por ti, porqué ni yo se exactamente como esta tu vida.
Pasar de todo a nada implica
cambiar el ritmo de vida, el “buenos días gorda” por despertar sola en medio de
la cama, la alarma justo a la hora del beso por una hora que ya no tiene
sentido, el pensar en dos para volver a pensar
en uno mismo, el saber que cada recuerdo puede doler en el alma, pero no
lloras por echar de menos a la persona, sino al haber sido feliz a su lado.
Cambiar tu olor por un revés
dentro cada vez que tu aroma se asoma en mi, y suerte que tu colonia no huele
igual en las otras personas. Cambiar las fotos de la pared, las cosas colgadas,
los dibujos, por vacío azul…
Recuerdo miles de planes, los que
hicimos y los que nos quedaron por hacer. Hace tanto que empezó todo que a
veces aun veo mi vida a tu lado.
Pero te acostumbras, te
acostumbras a todo. A vivir.
Y te juro, te juro que quiero que
seas feliz. (Y haré lo que esté en mis manos para ayudarte)
