Dejamos aparte todo eso de sentir y empezamos a viajar.
Nos fuimos de esta
pequeña ciudad, gozamos en cualquier sitio, éramos eso que vulgarmente se le llama
“ser feliz”. La verdad, creo que yo
no lo fui. Sí, pude desconectar, pero a la vez estaba ella, siempre me pedía más y más, ir de aquí para allí, no parar, buscar nuevos sitios donde perdernos, horizontes que cruzar, cielos que mirar, estrellas que contar… Pero ella era feliz, y en ese momento era lo único que me importaba, ver su sonrisa cada mañana.
¡Qué pequeño es el mundo, allí donde voy, esta ella!
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