Y cuando el gato atrapó al ratón, solo pudo observarlo, no se lo creía, había conseguido su objetivo. Tenía hambre, se moría por él, pero se lo pensó, lo miró y lo dejó escapar. Puede que no tuviera sentido no poder perseguirlo más, comérselo y terminar con él, porqué el gato, sencillamente, quería jugar.
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