Hay colores que ya no brillan...

dilluns, 19 de desembre del 2011

paredes incoloras.

"...No te voy a pedir perdón por lo hecho, sabes que tengo todo el derecho del mundo a irme, y por eso lo he hecho. Me diste las alas para volar, pero yo tan solo quería estar contigo, me daba igual ser libre. Quería que me las cortaras, retenerme en tus brazos y no poder salir, no querer huir de ellos, porqué era mi único lugar seguro, mi mundo entero. Pero me diste las alas, y poco a poco iban creciendo, de tu lado me alejabas. 
-Nunca te soltaré pequeña, serás mía.- Pero eso no es así, me dabas empujones inconscientes para que me fuera, y este día, ha llegado. Si estás leyendo esto, no vuelvas a llamarme, relee esta carta una y otra vez si quieres, pero esto no hará que vuelva ni que cambie de opinión. Te he dejado una cosa en la mesita de noche, ahora no te levantes y vayas corriendo hacía ella, espera un momento. Vale, si, ahora ya estás allí, lo sé.-"
Me levanté y fui caminando tranquilamente hacia la mesita, aunque por dentro la curiosidad de saber que era me mataba. Llegué a ella y abrí el primer cajón, ahí no había nada, así que busqué en el segundo. Un reloj. Un precioso reloj de bolsillo, de esos antiguos, pero no funcionaba, estaba parado justo a las seis y doce, volví a buscar la carta que había dejado en el sofá y continué leyendo:
"Un reloj, te preguntarás por qué ¿verdad? Pues significan todas las horas que he estado contigo, no he perdido el tiempo ni mucho menos, pero des de ese 19 de julio justo a la hora que esta marcada, lo he llevado conmigo, nunca cambié la hora, siempre fuiste tu la responsable de mi tiempo, así que lo tuve presente, guardé cada segundo a tu lado, cerca del corazón, pero ahora todo eso es tuyo, a mí ya no me pertenece, no quiero algo tan valioso como eso.
No negaré que te quise, y aun lo hago, pero…"

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